“Chiquidrácula y sus sangronadas”.
El árbitro Marco Antonio Rodríguez nuevamente hizo de la suyas
Sábado 13 de Agosto de 2005, Veracruz.
Un puerto como cada sábado de fútbol en Veracruz, húmedo y caliente, sobre todo caliente. Los jarochos se presentaron en buen número en las gradas del estadio Luis Pirata Fuente para presenciar un partido que tenía todos los elementos de un juego atractivo y mostrarnos grandes emociones entre Toluca y los Tiburones Rojos de Veracruz.
Un gol tempranero llenaba de ilusiones a quienes pensábamos que estaríamos viviendo 90 minutos de intenso y dinámico balompié: a penas al minuto ‘6 el “grillo” Biscayzacú, a pase del tico Rojas, fusilaba al arquero argentino Hernán Cristante. Pero el tarjetero más rápido de la Comisión ya empezaba a dar muestras de esa extraña ansiedad que partido a partido lo hace disparar tarjetas a diestra y siniestra; y esto lo expresó cuando al minuto ’11 pintaba de amarillo a Paulo da Silva, al ’15 a Josué Castillejos y al ’22 a Alejandro Leyva.
El empate apareció a los 33 minutos con un disparo de fuera del área de Manuelito de la Torre. Creíamos que esto iba a la alza nuevamente; sin embargo, comenzó el espectáculo de Rodríguez: al minuto ’44 en una jugada muy futbolera en la que pelean por el balón valientemente el guardameta toluqueño Cirstante y el delantero escualo Leyva a ras de pasto. Producto de la jugada surge un choque sin mala intención que el árbitro califica de agresión por parte del ex de monarcas, y así se dispara la primera tarjeta roja, Alejandro Leyva se va a las regaderas.
El partido para la segunda mitad decayó naturalmente, con un Toluca que intentaba de forma no muy clara y unos veracruzanos que buscaban mejor acomodo en la cancha ante la inferioridad numérica. Pero aún le faltarían varios jiros a este juego.
José Manuel Abundis por fin aprovecha la superioridad y convierte en el minuto ’53, adelantando en el marcador a los diablos. Pero más desesperación que el gol causó la expulsión simultánea de Oscar Rojas y Miguel Almazán, en el minuto ’59. Un choque natural, en el que ambos jugadores exageran el impacto, fue el pretexto para que “Chiquidrácula” Rodríguez disparara otras dos tarjetas rojas.
Lo que ocurría en la cancha ya era un desastre. Jugadores calientes por la mala conducción del colegiado, y a su vez, Marco cada vez más nervioso en un partido del cual ya no tenía el control. Producto de todo, Lucas Ayala, tras una clarísima falta que no le señalan en favor, barre de mala manera a Castillejos. De esa forma, al minuto ’62 cerraba con broche de oro la actuación del árbitro, mostrando la última expulsión de un juego ya arruinado por las decisiones anteriores.
Finalmente los jugadores sacaron el orgullo y trataron de componer un partido muy descompuesto. Nuevamente los diablos, con gol de Carlos Esquivel al minuto ’79, inclinaban la balanza más a su favor. Y al minuto ’87, con un soberbio gol de Emilio Mora, se cerraba el 2-3 a favor de los choriceros.
No es ni mucho menos la primera vez que ocurre esto en un partido pitado por Marco Antonio. El árbitro, que recibe muchos elogios por su admirable condición física e inmejorable ubicación en la cancha, y que sin duda está en la carrera para el mundial del 2006, pierde la calma muy fácil, se engancha con los jugadores y técnicos, y a menudo le agrada la idea de aparecer como la figura del partido, repartiendo tarjetas de manera muy rigurosa.
Vamos Marco, qué ocurrió con el verdadero propósito de traer una tarjetita amarilla en el bolsillo de la camiseta y otra más de color rojo en la parte trasera del pantaloncillo. Castiga la mala conducta, las jugadas violentas o a todo aquello que atente contra el espectáculo, pero no hagas de esa tarea un espectáculo que nadie quiere ver. Recuerda que el mejor árbitro es el árbitro de quien nadie habla.
Alejandro Mothelet
